La división polarizadora que separa cada vez más a los dos principales partidos políticos de Estados Unidos se basa supuestamente en un discurso racional sobre varias cuestiones importantes: la sanidad, los impuestos y la seguridad nacional, por nombrar algunas. Sin embargo, si profundizamos en las fuerzas psicológicas evolucionadas que dan forma a nuestra mentalidad y cultura a lo largo de la historia, encontraremos que estas cuestiones son en realidad sintomáticas de una motivación humana primaria subyacente: El sexo. Sostengo que las diferencias sexuales en el cerebro parecen conformar el abismo ideológico entre los respectivos grupos sociales que cada bando representa. Y lo más significativo es que la hormona sexual masculina, la testosterona, es la principal hormona que afecta a nuestra evolución sexual. La testosterona no sólo alimenta la pasión por la reproducción y desempeña un papel fundamental en la duración de la vida humana, sino que es un componente integral del mecanismo de la civilización humana: sus triunfos y sus tragedias.
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