El primer Objetivo del Milenio de la ONU se aboca a la erradicación de la pobreza extrema y el hambre y cuenta con un plan de acción a nivel mundial. Sin embargo, el enfoque de atención a este primer objetivo continúa siendo el ingreso y la cooperación internacional en infraestructura fundamentalmente. Se intenta resolver el problema de la pobreza invirtiendo en los componentes estructurales de la pobreza, pero no en la pobreza misma. El individuo, la persona en condición de pobre continua ajena al proceso de su propio desarrollo, no es el eje sobre el cual gravita la inversión sino las condiciones estructurales de su entorno. El enfoque tradicional de atención a la pobreza no rompe con la llamada ¿cultura de la pobrezä, cultura cimentada sólidamente por la ayuda material y la caridad; esta cultura es producto de la ¿desesperanza aprendidä, como factor psicológico que inhibe la superación personal y la lucha por alcanzar nuevas metas de bienestar personal. El fenómeno de la marginalidad y exclusión social no es un asunto solo de ingresos sino de preparación personal para enfrentar los retos y dificultades de la vida diaria.
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