La transformación personal ocurre cuando uno puede reconocer la presencia de Dios. Para reconocer a Dios de cualquier manera, uno es consciente de un movimiento que le está llamando a una relación más profunda con Dios, y debido a ese movimiento, uno empieza a ver de otra manera. Uno ve con los ojos y el corazón de Dios a través de todas las experiencias y entonces es capaz de ser un instrumento de misericordia, compasión, sanación y amor. Este movimiento es el catalizador de un deseo más profundo de orar. Mediante la presentación de la herramienta de personalidad Myers Briggs y los cuatro temperamentos de oración: Agustín, Tomista, Franciscano e Ignaciano, uno puede empezar a ver cómo fue creado para orar. Hay un temperamento de oración que es paralelo a nuestro tipo de personalidad, y una vez que nos damos cuenta de cuál es nuestro temperamento de oración, podemos empezar a orar de una manera que encaje, que sea cómoda. La capacidad de sentirse cómodo en la oración abre la puerta para comenzar una transformación espiritual personal que nos permitirá reconocer a Dios más claramente en uno mismo, en los demás y en las experiencias de la vida; tanto negativas como positivas.
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