¡Qué maldad hallaron en Mí vuestros padres! ¡Pero qué tono de profundo dolor expresa esta sincera pregunta del Señor! Pues Dios nunca le había hecho mal a Su pueblo, y su corazón siempre estuvo dispuesto a ayudarlo y bendecirlo en todo, muy a pesar de que pecaba contra Él, se alejaba e iba siempre tras la vanidad como dice nuestro texto. Dios siempre le tuvo gran misericordia, perdón y paciencia como si se tratara de su hijo, y cuánto más cuando este se humillaba en Su Santa Presencia. Nunca vino algo de parte de Dios que fuera en perjuicio suyo. Del mismo modo, los pensamientos de Dios siempre serán de bien para nosotros, así como lo han sido para el pueblo de Israel (Jeremías 29:11), por eso, con justa razón el Señor pregunta:
"¿Qué maldad hallaron en Mí vuestros padres?"
En Dios, como usted lo sabe, amado lector, no hay ninguna clase de maldad, sin embargo, como hemos venido puntualizado insistentemente, nuestra antigua naturaleza carnal siempre tendrá la inclinación a proferir graves reproches contra Él, como si Dios hubiera hecho algo malo en nuestra vida, lo cual definitivamente no es cierto; pues aunque las cosas que nos ocurren, en medio de las cuales nos parece que Dios se olvida de nosotros, son circunstancias que provienen de Él mismo, cada una de ellas tiene un sabio propósito para nuestro bien y, principalmente, para beneficio del Reino de los Cielos.
(Fragmento)
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